El rendimiento académico en ocasiones es uno de los aspectos que más puede llegar a preocupar a los padres y madres. Este rendimiento depende de diversos factores (motivación, metodología pedagógica, contexto escolar, presencia o no de déficits cognitivos, etc.) y es importante diferenciar cada uno de los casos para su posterior abordaje. Según la etapa escolar, la observación y manifestación de las dificultades serán diferentes y tendrán mayor o menor relevancia. Hay que tener en cuenta también la particularidad de cada niño/a en el ritmo de adquisición de los conocimientos académicos.
A continuación, se van a explicar las características de cada etapa escolar.
Escuela Infantil (3-6 años)
En esta etapa la importancia de los contenidos académicos se consideran en un “segundo plano” y lo que realmente hay que valorar son aspectos como la interacción social, control de impulsos, cumplimiento de normas, integración práxica (mediante la realización de copia de dibujos, colorear, etc.) y en cierta medida, observar la adquisición de forma “básica” del aprendizaje estipulado, sin que ello se convierta en una exigencia, ya que no se debe pretender el aprendizaje de ciertos procesos (como lectura y escritura en su forma “básica”) puesto que no son competencias de este periodo. Además de ello, hay áreas de las que dependen procesos como la lectura y el cálculo los cuales en estas edades son zonas que aún están en proceso de maduración, conllevando que el aprendizaje de estos se realice dependiendo de otras áreas complementarias, sin ser las propias de estos procesos e implicando una adquisición no adecuada.
Signos a valorar por especialista (Neuropediatría y Neuropsicología): inquietud motora persistente en todos los contextos (escolar, familiar, etc.), torpeza motora, dificultad para el control de impulsos, conductas disruptivas y/o dificultades en las relaciones sociales.
Primaria (6-12 años)
La complejidad y exigencia académica en este periodo aumentan progresivamente, notándose un cambio realmente significativo en cada ciclo. En esta etapa, a mitad de la misma aproximadamente, se automatizan procesos como la lecto-escritura y el cálculo, los cuales la observación de dificultades en dichos procesos, podrían ser indicadores de déficits en Working Memory y/o procesos integrativos [entre otros]. Se puede observar también la capacidad para planificarse, la cantidad de tiempo que precisa para finalizar las tareas, previsión del tiempo estimado, abstracción, etc.
Signos a valorar por especialista (Neuropediatría y Neuropsicología): inquietud motora persistente en todos los contextos (escolar, familiar, etc.), dificultad para el control de impulsos, conductas disruptivas, dificultades en las relaciones sociales, resultados académicos no ajustados a la cantidad de tiempo empleado, facilidad para la dispersión, inmadurez, conductas disruptivas y problemas en automatización de lectura y cálculo.
Secundaria (>12 años)
En esta etapa la exigencia de las funciones prefrontales se hace muy notable, demandando gran actividad de las Funciones Ejecutivas, Working Memory, Atención y Sistema Inhibitorio. Las tareas académicas requieren una mayor abstracción, planificación, razonamiento, etc., instando a una consecuencia en el plano emocional relacionada los resultados obtenidos en función del tiempo empleado. Es decir, un gran esfuerzo y la no consecución de resultados positivos tendrá una repercusión en el estado anímico, el cual influirá también en la concentración, adquisición de conocimientos, capacidad para razonar, etc.
Signos a valorar por especialista (Neuropediatría y Neuropsicología): inquietud motora persistente en todos los contextos (escolar, familiar, etc.), dificultad para el control de impulsos, conductas disruptivas, dificultades en las relaciones sociales, resultados académicos no ajustados a la cantidad de tiempo empleado, facilidad para la dispersión, inmadurez, conductas disruptivas y problemas en automatización de lectura y cálculo.
No obstante, aunque se aprecien algunas de las dificultades mencionadas anteriormente, esto no implica bajo ningún concepto que refieran algún trastorno relacionado. Pero en ocasiones estas dificultades pueden estar asociadas a ciertos cuadros específicos, por lo que deben de ser valoradas por el especialista correspondiente.







