Cuando el pequeño empieza a desplazarse por sí mismo, resulta complicado introducirle alimentos nuevos. ¿Sabes por qué?
Esta conducta se explica en parte por el instinto y en parte por el aprendizaje.
Cómo aparecen los instintos.
Como ya sabes, cada persona tiene una genética diferente. La mayoría de los genes que la componen son heredados de sus padres, pero hay una pequeña parte que varía por sí misma. Podríamos llamarlos errores de copia, pero lo cierto es que sin estos errores no existiría la evolución.
A fin de cuentas, un cambio en un gen puede modificar la conducta de un individuo si afecta a la forma en la que se desarrolla el cerebro.
Cuando una de estas modificaciones fortuitas cambian las habilidades o reflejos o incluso el orden en que éstas aparecen, pueden causar cambios en los instintos.
Si estos cambios favorecen la supervivencia del niño que la desarrolla, esto consigue que la pase a sus futuros hijos. Con el paso de los generaciones, estas conductas se convierten en frecuentes en la población, ya que los individuos que la poseen lo tienen más fácil para sobrevivir y reproducirse.
En el caso de la comida, los niños tienen dos instintos que serían contradictorios de no ser porque aparecen en etapas diferentes: el instinto de probarlo todo y el de rechazar cualquier cosa nueva. Entenderlo nos ayudará a que nuestros niños se alimenten mejor.
El instinto de probarlo todo
Este instinto se da principalmente cuando el niño no tiene autonomía para desplazarse por sus propios medios. En esta época recomiendo darle a probar de todo, limitando sólo el acceso a alimentos que puedan causar ahogamientos (frutos secos) o intoxicaciones (miel, marisco, huevo crudo).
En cuanto al resto de alimentos sanos que comemos, es bueno dejárselos probar sin ambages.
En esta primera etapa la falta de selectividad permite que un bebé sobreviva sin problemas independientemente del lugar de donde nazca. Imagina a un niño que sólo quisiera comer tortilla de patatas y que hubiera nacido en el desierto de Gobi. ¿No lo tendría crudo para sobrevivir?
En esta etapa es bueno que coma todo lo que tenga a su alcance, ya que sois vosotros los que os ocupáis de evitar que acceda a cosas peligrosas.
El instinto de rechazar cualquier alimento nuevo
Tras esta primera fase de probarlo absolutamente todo, el bebé adquiere cierta autonomía y puede desplazarse por su cuenta. Es algo que todo padre sabe: cuando el niño empieza a gatear, hay que andarse con mil ojos.
Con esta autonomía, y de forma inevitable, se desarrolla la precaución. Ya sea de forma innata o por nuestra causa (¡niño, no te lleves eso a la boca!) el niño se vuelve precavido.
Si cuando vivíamos como nómadas, una vez el bebé fuera capaz de desplazarse acabaría comiendo todo tipo de bayas, setas o animales venenosos. Hoy en día incluso le podemos añadir los medicamentos o los productos de limpieza.
Que un niño se vuelva selectivo con la comida y no quiera probar determinadas cosas porque sus padres no se las ofrecieron en la etapa previa es algo bueno. Es algo que puede salvarle la vida.
¿Tu hijo rechaza sistemáticamente alimentos que antes ingería sin problemas? ¿Han cambiado sus gustos por la comida? ¿Temes que su dieta no sea equilibrada? Para estas y otras consultas no dudes en pedir cita previa con nuestro pediatra en Sevilla.
En cuanto a la comida…
Si cuando nuestro pequeño quiere probarlo todo sólo le ofrecemos una dieta pobre en sabores, texturas, formas y colores lo normal es que rechace alimentos nuevos y siga con esa dieta pobre hasta el momento en el que los instintos pierdan la batalla ante el pensamiento racional.
¿Qué significa esto? Que si tu hijo no ha comido tomate o pimiento en los primeros dieciocho meses de vida los rechazará de forma tajante hasta que puedas razonar con él. Por eso tantos niños se niegan a comer un plato si ven trocitos de tomate o pimiento.
Nunca es buena idea retrasar la introducción de alimentos, y si lo hacemos estaremos favoreciendo una dieta pobre. Y no reduce el riesgo de alergias alimentarias, sino que lo aumenta.







