Durante los últimos meses nadie ha podido escapar a la alarma creada con respecto al consumo del aceite de palma, un tipo de grasa vegetal presente en muchos alimentos procesados. Pero ¿es tan malo como dicen? Empecemos por el principio:
El aceite de palma es un aceite de origen vegetal que se obtiene de la fruta de la palma. Este aceite se compone de un 50% de ácidos grasos saturados, principalmente ácido palmítico. El otro 35-40% es ácido oleico y el restante 10-15% son ácidos grasos monoinsaturados.
Es debido a la presencia del ácido palmítico que las empresas dedicadas a la producción de leche infantil se interesen por el aceite de palma. ¿Por qué? Pues porque la leche materna está compuesta en parte por ácido palmítico (alrededor del 25% de los lípidos en su composición). Y aunque se trata de un ácido graso saturado, resulta que también es necesario para la alimentación y desarrollo del ser humano.
Entonces, ¿cuál es el problema?
El problema del consumo de aceite de palma en leches infantiles es que la estructura del ácido palmítico varía dependiendo de su procedencia. Cuando el ácido palmítico procede de la leche materna es mayoritariamente beta-palmítico, mientras que el que procede del aceite de palma es alfa-palmítico.
El ácido beta-palmítico y alfa-palmítico no se comportan igual en el organismo. El alfa-palmítico (de origen vegetal) no permite la correcta absorción de algunos nutrientes como las grasas y el calcio, y en consecuencia las heces del bebé son más duras.
¿Existe solución a este problema?
Actualmente existen marcas de leche infantil que están sustituyendo el ácido alfa-palmítico de la fórmula por ácido palmítico en beta, similar al de la leche materna. Algunas empresas han conseguido añadir hasta un 45%, siendo la presencia en la leche humana de entre un 60-86%. Ya sabemos que la proporción no es la misma, pero siempre será mejor que un 100% de ácido palmítico en alfa.
Recomendaciones
A pesar de la alarma social, todas las leches infantiles contienen ácido palmítico en su composición, al igual que la leche materna, con la salvedad de la diferencia de estructura (alfa/beta).
A la hora de elegir una leche formulada infantil es recomendable decantarnos por aquella que contenga ácido beta-palmítico, el más similar en su composición al de la leche materna.
Como de costumbre, aprovecho la ocasión para insistir en que el consumo de leche materna es el mejor alimento para el bebé.







