Cada vez son más los bebés alérgicos y ésta se ha convertido en una de las grandes preocupaciones que se les presenta los padres cuando su pequeño tiene pocos meses de vida. Pero, ¿cómo detectarlos?
La alergia es una reacción patológica del sistema inmune, que se encarga de protegernos ante las infecciones. Dicha reacción inmunológica exagerada es perjudicial para el organismo y puede ser aguda o crónica, y más o menos intensa.
Un bebé alérgico puede presentar síntomas como dermatitis atópica, urticaria o angioedema, siendo la piel el órgano más afectado. En el caso de la rinitis alérgica o el asma bronquial, es el sistema respiratorio el afectado.
Se conocen muchos de los mecanismos inmunológicos que tienen lugar durante las reacciones alérgicas y cuáles son muchos de los factores desencadenantes, pero la causa última de la alergia no está totalmente aclarada en la actualidad. Sabemos que hay factores genéticos y hereditarios.
Se ha podido demostrar que existe una clara predisposición familiar: si los dos progenitores sufren patología alérgica, existe por lo menos un 50% de probabilidades de que un niño sea alérgico. La exposición a diferentes agentes antigénicos, y la posterior sensibilización del organismo, son los determinantes para que se inicie el proceso alérgico y puede ser por distintas vías: digestiva, cutánea o respiratoria.
Para detectar a los bebés alérgicos es esencial prestar mucha atención a su piel. Lesiones como vesículas, pápulas, hinchazón u rojeces, que provoquen picor o escozor además de una tos continua y persistente, pueden ser señales de que un bebé es alérgico.
Para prevenir que a los bebés les aparezcan alergias hay una serie de consejos como la lactancia materna, evitar la exposición del bebé al polvo doméstico (peluches, exceso de alfombras, moquetas, etc.) y cuidar su alimentación prestando especial atención a la composición de los alimentos comercializados.







