La dieta de mi hijo: etapas alimentarias

El aparato digestivo de un recién nacido va experimentando un crecimiento continuo y no siempre está maduro para aceptar otros tipos de alimentos diferentes a la leche. El pediatra será siempre el mejor consejero en materia de nutrición pero, paralelamente, podemos seguir una serie de consejos para conocer la forma en la que introducir los nuevos alimentos en las comidas de nuestros bebés y qué periodos son los que experimentan un cambio en la dieta de nuestro hijo.

Comenzamos a crecer…

Los primeros días y meses de vida de un bebé su alimentación debe consistir en una ingesta repetida de leche y papillas de texturas homogéneas y muy finas, pues no insalivan de manera correcta debido al poco desarrollo de su aparato digestivo.

Al cumplir seis meses de vida, sus dientes empiezan a surgir, y le gustará masticar. Las papillas se deben reducir, dando lugar a alimentos más elaborados, pues la masticación es primordial para un correcto desarrollo mandibular.

En el periodo comprendido entre los 9 y los 12 meses, los sabores diversos se deben ir incorporando paulativamente, y empiezan a utilizar la cuchara para comer por su cuenta, así que la dieta debe contener platos que hayan aceptado previamente para evitar que la comida acabe en sitios que no deban.

Al llegar al año de vida, el niño forma parte de la mesa familiar, aunque sus alimentos aun no son del todo los mismos. En esta etapa, en la estamos introduciendo alimentos novedosos para su paladar, hay que tener prudencia y, de nuevo, con la aprobación previa del pediatra, hay que empezar a mezclarlos con los que ya conoce, e ir proponiéndole poco a poco al niño una dieta equilibrada y variada.

Cuando se pasa la barrera de los dos años, nuestro hijo ha madurado lo suficiente como para aceptar casi todos los alimentos. Es por ello que, su dieta comenzará a tener similitud con la de una persona adulta.

A medida que vamos viendo la reacción de nuestro pequeño frente a la comida, hay que analizar su opinión particular, para así aprender qué le gusta y que no. Además, la paciencia debe acompañarnos, pues no siempre tolerará todo aquello que contiene una alimentación sana correcta.

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